Confianza en Dios.

Talí ta kumi

Basado en Mc 5,36

En complemento con el conocimiento de lo que significa tener fe, este texto hace alusión a la forma en que esta fe se relaciona directamente con Dios, en los momentos de necesidad.

Y es que Dios nos ha dado autoridad para pedirle por aquellas cosas que causan una necesidad en nosotros. Así lo podemos ver en el evangelio de Mateo Capitulo 7 versiculos del 7-12, en donde Jesús nos deja muy claro que si pedimos se nos dará, pues contamos con un Dios que es bueno, y nos ama con profundo Amor. Sin embargo, también existe para nuestras vidas un plan que el mismo Dios ha hecho pensando en cada uno de nosotros, y es lo que conocemos como la voluntad de Dios, por eso, en los momentos de necesidad tenemos dos opciones, pedir con profunda confianza a Dios por aquello que sabemos nos sacará de la necesidad, o abandonarnos a su divina voluntad y en un acto de profundo amor y confianza esperar hasta recibir nuestra recompensa, la Felicidad.

Cuando le Pedimos algo

Es muy común e incluso muy frecuente que pidamos a Dios por nuestras necesidades, y hacemos bien pues como se dijo anteriormente, el mismo Jesús nos dio la certeza de que se nos darían cosas buenas cuando las pidiéramos (Mt 7, 11). Sin embargo también nos dice la palabra por medio de san Pablo en su carta a los romanos, que no sabemos pedir ni orar como conviene, y no sólo no sabemos pedir como conviene, si no que no tenemos la fe suficiente para pedir, no confiamos verdaderamente en Dios y es por esto que muchas veces podemos llegar a sentirnos defraudados y pensar mal de Dios al no recibir lo que pedimos, sin darnos cuenta que si no recibimos es por nuestra falta de fe, o por no haber perseverado en la oración.

¿Entonces, Cómo se le debe pedir a Dios?

 

Primero que todo, a la hora de pedir a Dios por alguna necesidad debemos antes pedir que por medio del espíritu santo se nos conceda el don de la fe y después de esto podemos dirigirnos directamente a Jesús o al padre, o a cualquier intercesor, para poner en Dios nuestra necesidad. Para aclarar un poco el nivel de confianza que necesitamos nos vamos a remitir a un pasaje de la biblia muy conocido.

Mc 5, 21-42

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”.
24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias
26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré curada”.

29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”.
31 Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”.
32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”.
35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”.
36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta con que sigas creyendo”.
37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
39 Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”
40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
41 La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”.
42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

 

En esta conocida cita bíblica podemos no solo ver como Dios responde afirmativamente a nuestras súplicas, sino que también se nos dice cual debe ser nuestra actitud, cuando al pedir algo a Dios, las circunstancias empiecen a empeorar.

Vemos acá, que Jairo, Quien había escuchado hablar de Jesús, se acerca a él, se postra ante él (lo adora), y le suplica que Cure a su hija para que pueda vivir. Jesús responde afirmativamente, pero mientras se dirigen a su casa (seguramente con bastante afán), una mujer quien también necesita de la ayuda del maestro retrasa su llegada a la casa de Jairo. Este momento se nos está mostrando, que cuando pedimos a Dios, los resultados no se verán en nuestro tiempo, si no en el tiempo de Dios. Pero también nos muestra como por causa de este retraso las cosas empiezan a empeorar para Jairo. Aunque para Jairo las cosas empiezan a empeorar por causa de este retraso, para aquella mujer valió la pena, todo esto; y es que esta mujer es un ejemplo claro, del nivel de fe que necesitamos para que nuestras súplicas se vuelvan un milagro en nuestras vidas. Reanudando la historia de Jairo, vemos en el versículo 35 como sus criados le sugieren rendirse, y le dicen, “no molestes más al maestro pues tu hija a muerto”. Jairo no solo está siendo tentado a rendirse y dejar al maestro, si no que, también estaría perdiendo la esperanza, y estaría pensando , ya no vale la pena, aquello por lo que pedía no se ha cumplido, antes mas bien sucedió todo lo contrario, mi hija murió. Pero vemos como ante esta situación de total adversidad Jesús le dice a Jairo No temas, Basta con que sigas creyendo.  Es acá, en el versículo 36 donde la palabra nos enseña que sin importar, la situación, las adversidades, y cuanto creamos que ya no vale la pena pedir, o que lo que pedíamos ya no es posible, no debemos dejar de perseverar y de creer que Dios todo lo puede.

 

Dios nos pide que siempre perseveremos en la oración, que sin importar si hemos caído, si estamos sufriendo, si nuestro corazón está triste o alegre, si vemos posible o imposible lo que pedimos, sin importar cual sea la situación debemos perseverar, seguir pidiendo, y pedir como conviene, confiar enteramente en Dios, o ¿acaso creen que Jairo en algún momento pensó que Jesús podría resucitar a su hija?, seguramente en el fondo de su corazón lo veía imposible, pero Jairo había sido dotado con la fe e hizo caso a Dios cuando él le dijo, Basta con que sigas creyendo, él creyó, y por su fe su hija vivió.

Pero también debemos ser consientes de que creer y perseverar no será fácil. Pues el mundo puede empezar a darnos un No rotundo, aun cuando Dios nos esté diciendo SI. Vemos en el versículo 40 que cuando Jesús entró a la casa de Jairo, es decir, cuando faltaba ya muy poco para que Dios cumpliera su promesa y respondiera a la petición, las personas que estaban en casa, es decir, la familia y los amigos de Jairo, se burlaban de Jesús. Seguimos viendo como aún cuando se acerca el momento de ver la obra de Dios en nuestras vidas, las personas que nos rodean tratarán de hacer que dejemos de creer, o acaso no se sentiría mal Jairo al ver que su gente se burlaba de aquel en quien el confiaba, pero eso no le importó y siguió confiando.

 

Cuantas veces nosotros no nos sentimos acusados por confiar en Dios, e incluso algunas veces podemos sentir vergüenza de él, cuantas veces no escuchamos que nos dicen que no vale la pena orar, que perdemos nuestro tiempo pensando que Dios nos ayudará. pero aún en esos momentos debemos extender nuestras manos al cielo, abandonarnos en Dios y confiando plenamente en él, dejar que finalmente haga su obra. No debemos ser necios como el pueblo de Israel, que se quejaba de Dios, por estar en el desierto, sin entender que era lo que Dios quería. En lugar de quejarnos debemos abandonarnos y pedir, como conviene pedir.

 

Vemos entonces en los versículos finales que Jesús sacó afuera a los incrédulos, y se quedó solo con quienes creían, para decir finalmente  “Talitá kum”, es decir, levántate, y solo quienes creyeron hasta el final pudieron ser testigos de su obra.

 

¿Cuál es la forma correcta de pedir entonces?

 

La biblia nos muestra 4 pasos en 4 citas bíblicas.

 

El primer paso. Rm 8,26-28

26 Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables,
27 y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.
28 Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. Rm 8,26-28

 

Entonces para pedirle a Dios es primero invocar la presencia del espíritu Santo en nuestras vidas, pues el discierne el corazón conoce nuestras intenciones, nuestras necesidades y la voluntad de Dios para con nosotros.

Segundo Paso:

Flp 4,6 Que nada los angustie, al contrario en cualquier situación presenten sus deseos a Dios orando, suplicando y dando Gracias.

Adorar y Alabar a Dios dando Gracias por todo lo que nos ha dado. (Jairo se postra ante Jesús)

Tercer paso

“Hermanos Queridos, Si nuestra conciencia no nos condena podemos acercarnos a Dios con confianza, y lo que pidamos lo recibiremos de él por que cumplimos sus mandamientos, y hacemos lo que le agrada, (1Juan 3:21-22).

Pedir perdón a Dios por aquellas cosas que manchan nuestra conciencia, y tratar en lo posible de estar en Gracia de Dios. Es decir, estar confesados.

Cuarto Paso:

“Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, él nos oye; y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

Confiar plenamente en Dios y acogernos a su voluntad. Entrar en un estado total de abandono en Dios y tener la certeza de que todo se cumplirá según la voluntad de Dios. En será necesario pedir como lo vemos en Marcos 1-40 “Señor si quieres, Puedes Limpiarme”. Y la respuesta de Dios siempre será la misma. Quiero.

Abandono en Dios.

Abandonarse es fiarse de Dios. Es aceptar su voluntad en cada instante. Es no rebelarse contra sus planes sobre nosotros. Es dejarse llevar sin preguntar a dónde ni porqué. Es entregarle la responsabilidad de la vida

No debemos hacer como hizo el pueblo de Israel cuando se quejaban con Dios, (ver números capítulo 11). Por estar en el Desierto, despreciaron el maná y pidieron carne. Dios no muy contento con su actitud les dio lo que ellos querían más no era lo que necesitaban, y esto no le hizo bien al pueblo, y terminó en la muerte de muchos.

Por eso es mejor comer del maná de Dios, que comer la carne que deseamos. Cuando nos abandonamos a Dios se nos dará lo que necesitamos, quizá no como lo esperamos, pero si cumplirá nuestra necesidad. Por ejemplo el Pueblo de Dios necesitaba Alimentarse, ellos querían comer carne, pero Dios les daba del Maná del cielo, es decir no les dio carne pero si los alimento, y eso era lo que ellos necesitaban.

Lo mismo pasó con Jairo, El pidió, “Sana a mi hija para que pueda vivir”. Su hija no sanó, de hecho murió, pero la necesidad de Jairo no era que su hija fuera sana si no que viviera, y eso fue lo que se le concedió al resucitarla.

La voluntad de Dios siempre será perfecta, y esto lo podemos apreciar viendo como Pablo al estar encarcelado, no pidió a Dios ser liberado, sino que confió en su libertad, y estando allí escribió algunas de sus cartas que hoy en día son doctrina para toda la iglesia.

Lo mismo sucedió al mismo Jesús, quien en su condición humana angustiado por la cruz, se abandonó en Dios y obtuvo lo que él quería, pagar el precio de la salvación.

Prov 28,1: El que confía en Dios es fuerte como un león

 

Padre mío, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que Tú quieras
sea lo que sea te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
con tal de que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, te la doy
con todo el amor de que soy capaz.
Porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una confianza infinita,
porque Tú eres mi Padre.

 

Terminemos pues esta oración complementándola con la oración que hacemos en la Renovación Carismática de Manizales.

Señor yo no soy nada, tu lo eres todo, me abandono en tí