¿Quién es el espíritu santo? y ¿Qué es el bautismo en el espíritu?

¿Quién es el espíritu Santo?
Es la tercera persona de la santísima trinidad, que procede del padre y del hijo. Es la persona que siempre ha estado en los hombres para guiarlos, desde los primeros profetas hasta cada uno de los católicos de la actualidad. Es aquel encargado de revelar la verdad plena .
Jesús nos anunció la venida de su espíritu 5 veces (jn 15-16) y no lo anunció como el consolador que vendría a guiarnos y acompañarnos. Así pues el cuerpo de Jesús no está entre nosotros pero si su espíritu.
13 Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
14 El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
15 Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: «Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes». (Jn 16,13-15)
La partida de Jesús y la venida del espíritu santo no significan que Jesús no está más con nosotros pues desde el principio hasta el fin de los tiempos, cuando Dios envía a su hijo, envía también a su espíritu, que nos une a Cristo en la Fe.
El espíritu santo Es
el sello de amor entre el padre y el hijo, es quien nos recuerda y explica las Enseñanzas de Jesús (Jn 14,26), viene a nosotros para guiarnos en el camino de la santidad, para edificar la iglesia y la prepara para el encuentro con su señor, nos devuelve a los bautizados la semejanza divina. Nos envía a dar testimonio de la verdad de cristo y nos organiza en nuestras respectivas funciones para que todos demos fruto Gal 5,22-23, y finalmente el espíritu Santo es el Maestro de la Oración
Finalmente podemos concluir que es por el espíritu santo que la iglesia se ha mantenido viva durante 2000 años. Y que seguirá viviendo y expandiéndose alrededor del mundo, hasta que ya no sea necesario predicar la existencia de Dios, porque ya todos la conocen.
El espíritu Santo dentro de la iglesia que es Cuerpo de cristo es lo mismo que el alma para nuestro cuerpo. Así lo dijo San Agustín.
Lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros miembros, eso mismo es el espíritu Santo para los miembros de Cristo, para el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
Al espíritu Santo lo representamos con numerosos símbolos. Entre ellos se destacan:
El agua viva que brota del corazón de Jesús.
La unción con óleo, signo sacramental de la confirmación.
El fuego que transforma lo que toca El Fuego es símbolo de purificación y Luz.
La nube oscura y luminosa en la que se revela la gloria divina.
La Imposición de Manos, por la cual se nos da el espíritu.
La Paloma que baja sobre Cristo en su bautismo.
La iglesia nos invita a pedir constantemente la presencia del espíritu santo para que él nos asista en nuestra vida diaria, para dejar nuestros miedos y nuestras malas actitudes, ya que estas son falta del espíritu del amor y la verdad.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,
en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».
Unos a otros se decían con asombro: «¿Qué significa esto?».
Algunos, burlándose, comentaban: «Han tomado demasiado vino».
Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana,
sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:
“En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos.
Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán.
Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo.
El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso. Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”. (Hch 2,1-21)
Pentecostés no es para recordarlo de hace 2000 años, es para vivirlo HOY!, en pentecostés se inaugura el fin de los tiempos.
Para los Judíos pentecostés era una Fiesta. Nosotros fuimos llamados para ser Felices, y para recibir nuestro pentecostés el día de hoy debemos hacer de nuestra vida una Fiesta. Es tiempo entonces de vivir en alegría, sin quejarnos de todo.
Dice el pasaje que Estaban todos reunidos, y unos versículos antes en Hch 1, 13, dice que junto con los apóstoles se reunían unas mujeres y María, la madre de Jesús. Es entonces María quien nos motiva a recibir el pentecostés con alegría, aquella mujer que había sufrido en la cruz junto con Jesús motivaba a los apóstoles a seguir viviendo en la Alegría. La presencia de María era la misma presencia de Dios, pues María era idéntica físicamente a Jesús. Por esto al día de hoy antes de pedir la presencia del espíritu santo debemos antes ponernos en presencia con nuestra madre María.
De este pasaje encontramos 3 requisitos para recibir un pentecostés en nuestra vida.
1. Vivir en Alegría sin quejarse.
2. Unidad - Estaban todos reunidos.
3. Tener la Puerta del Corazón Abierta para el Espíritu.
Al recibir el espíritu santo la presencia de Dios queda en nuestro corazón. Si la presencia de Dios se derrama en nosotros no solo llegará a nuestro corazón, sino en todo el lugar donde habitamos.
Bautismo en el espíritu Santo
En sus últimas Palabras antes de ascender a los cielos Jesús ordenó a sus discípulos quedarse en Jerusalén, porque recibirían el Bautismo en el espíritu Santo. Hechos 1,3-8
Uno de los elementos mas significativos de la Renovación en el Espíritu Santo o Renovación Carismática es el encuentro personal con Cristo vivo y glorificado. Esta gracia es fruto de la efusión del Espíritu Santo. Se trata de la renovación de nuestro bautismo. A través de esta gracia la persona experimenta un nuevo amor y un nuevo deseo de servir a Cristo. Entra en una relación personal con El.
Las bases bíblicas para entender el bautismo en el Espíritu:
-En Hechos 1,5 Cristo definió Pentecostés como una experiencia de “bautismo en el espíritu”. Este acontecimiento fue definitivamente una experiencia religiosa: estaban en oración, recibieron el bautismo, manifestaciones externas y gran gozo, hablaron en lenguas y una poderosa unción para la predicación que traspasaba los corazones.
-La predicación de Pedro proclama que todo el que se arrepienta y se bautiza, recibe el don del Espíritu. Hechos 2, 37-39
-Este don del Espíritu Santo puede recibirse después de recibir el sacramento del bautismo. Esto es lo que ocurrió a los discípulos de Samaria (Hechos 8,14-15)
-Pedro considera la experiencia religiosa de Cornelio y su familia (Hechos 10) en la misma linea al don del del primer Pentecostés. Estos, escuchando la predicación de Pedro recibieron un bautismo en el Espíritu y después se les impartió el sacramento.
La primera experiencia del bautismo en el espíritu es un gran deseo de Orar. También entre los signos del bautismo en el espíritu santo se ven la oración en lenguas, Un nuevo amor y gozo en el corazón, y además de esto el bautismo en el espíritu divide nuestra vida en dos, pues siempre podemos identificar un antes y un después, una forma de vivir antes y después de recibir este bautizo.
La oración en lenguas, que recibieron los apóstoles y que recibimos muchos hoy en día al tener nuestro bautismo en el espíritu, es una manifestación del espíritu sobre nuestras palabras dirigidas a Dios, son gemidos celestes para quienes no saben orar, ni como pedir, es decir para todos, ya que con estas palabras nos estamos comunicando con Dios revelándole las intenciones de nuestro corazón y alabándolo sinceramente.






lo que acabo de aprender es erriquesedor para mi vida espiritual DIOS los siga vendiciendo mucho